La afirmación que sigue es falsa
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El presente blog no pretende ser sino "un escape a esta sociedad basura, chabacana y de consumo que nos persigue, un mundo en donde parece que la industria del entretenimiento ha dejado de complementarse con la cultura, de contenidos profundos y duraderos, para tratar de suplantarla con su coartada de diversión superficial". Pablo Gil (el pop después del pop)
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Director: Martin Scorsese.
Título original: The Last Waltz
Año: 1978
Duración: 111 min.
Nacionalidad: EE.UU.
Género: Documental
The last waltz (El último vals) es una película documental sobre el concierto de despedida del grupo canadiense The Band, realizado el Día de Acción de Gracias del año 1976 por Martin Scorsese de una manera soberbia pero a la vez simple y sin exhibicionismos. The Band Llevaba más de 15 años de carrera, con grandes trabajos editados que combinaban las raíces country-blues de su país, con efluvios de rock sucio y vibrante, los mismos que contagiaron al cantautor Bob Dylan a mediados de los setenta y que le incitaron a cambiar la guitarra acústica por la eléctrica. Los discos "Music for the Big Pink" (1968) y "The Band" (1969), y las giras acompañando a Dylan fueron su testamento más importante. Lo habían logrado prácticamente todo y querían probar nuevos caminos por separado.
Con esta película el autor neoyorquino ofrecía un valioso ejemplo de cómo abordar este tipo de proyectos, con una puesta en escena que sobrepone el valor y la comunión de la música, el público y sus intérpretes, al ejercicio de estilo autocomplaciente, el cual termina hastiando, distrayendo más que exponiendo, alejando más que acercando. Todo ello sin perder un lúcido aspecto visual y un tono cercano a sus partícipes que nos aproxima de manera directa y personal al disfrute de su obra y a la atención de sus pensamientos.
Aunque toda la película resulta memorable y un auténtico regalo para los amantes del rock de verdad, no el rock del marketing o el de la bobería, existen momentos cumbre, inolvidables, como la reunión de la banda con Ronnie Hawkins, su primer mentor cuando The Band se hacían llamar The Hawks; la intervención de Neil Young interpretando la excelente canción “Helpless”, que había grabado junto a Crosby, Stills & Nash; el antológico duelo guitarrero entre Eric Clapton y Robertson; la participación de Muddy Waters, filmada en plano secuencia, o la majestuosa aparición de Bob Dylan dando inicio a la balada “Forever young”, para animar el ritmo con posterioridad con la soberbia “Baby let me follow you down”. Tampoco podemos olvidar la intervención de leyendas musicales como la del irlandés Van Morrison, la del Dr. John y su piano cantando de manera espléndida “Such a night”, la de Joni Mitchell, quien también hace coros a Young, la de Paul Butterfield con su armónica, o la de la gran dama del country Emmylou Harris, quienes se unen, con las adiciones estelares de Ringo Starr y Ron Wood, en un apoteósico final cantando el tema de Dylan “I shall be released”.
Si la actuación transmite el latido de cada instrumento, las emociones, la camaradería... las entrevistas son una disección espontánea de una banda en su lado más íntimo. Algunas de las cuales fueron realizadas a miembros completamente ebrios (la borrachera del pianista Richard Manuel es más que notable). Improvisan canciones en el sofá, hablan sobre sus duros orígenes en la música, de las chicas en la carretera... y divagan acerca de la historia de la música de su país. Sin tapujos, tal y como son.
A parte del concierto y las entrevistas, Scorsese añadió también unas actuaciones de The Band en los estudios de la Metro de Cuver City, donde interpretan la hipnótica pieza instrumental "The last waltz", compuesta para la ocasión, además de otros hitos de su carrera, como la bellísima "The weight" junto con los Staple Singers.
En suma, los tres segmentos que conforman el film, sabiamente entrecruzados, ofrecen una panorámica sincera y desnuda de lo que significó The Band, una de las bandas de rock más importantes de los sesenta. Un Magnífico documento, amigos.
The Band: Richard Manuel, Garth Hudson, Levon Helm, Robbie Robertson y Rick Danko
"La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro".
Groucho Marx
"Desde siempre me obsesiona la imposibilidad de dar cuenta de ciertos actos o pensamientos secundarios del hombre, sin admitir la hipótesis de la intervención de una fuerza malvada ajena a él."
Charles Baudelaire
"Cuanto más contemple el espectador... las imágenes dominantes, menos comprenderá su propia existencia y su propio deseo. A partir de ese momento estará separado de su vida"
"El sitio que tú ocupas nada importa, pues que por todas partes un espacio te falta que correr ilimitado".
“Tengo la firme convicción, avalada por años de observación y experimentación, de que los hombres no son iguales, de que algunos son estúpidos y otros no lo son”.
Carlo M. Cipolla
En 1961, Piero Manzoni, junto a dos amigos artistas (los tres hartos del arte figurativo) inauguraron una muestra en Milán que resultó ser un fracaso total. Al acabar la exposición y tras intentar vender sin éxito a un coleccionista, Manzoni exclamó: “Estos imbéciles de burgueses milaneses sólo quieren mierda”. Meses más tarde, Manzoni les llamó a su estudio y les mostró su última obra: una lata de conservas con un contenido neto de 30 gr. de sus propias heces. Mierda de artista supone una crítica a la valoración de las obras de arte en función de la especulación mercantil de la firma del artista. La cuestión es si alguno de los propietarios habrá abierto la lata para comprobar si efectivamente contiene lo que el artista dice que contiene. En ese caso ya no importa, porque al estropear la lata ya no será obra de arte.